Consecuencias de nuestros actos

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Consecuencias de nuestros actos


Objetivo: Aprender a distinguir las consecuencias de todas las acciones, identificar la problemática que trae la toma de decisiones equivocada, aprender a aprender de los errores, tomar decisiones correctamente, pensar en las consecuencias a corto y largo plazo, distinguir los motivos de las acciones para tomar decisiones.

Desarrollo: Lo que hacemos o decimos implica consecuencias. Nuestro comportamiento va estableciendo nuestra vida y también ejerce influencia sobre las personas que nos rodean. Si una persona evoluciona e involuciona, todo lo que le rodea también cambia. Los buenos actos y las palabras constructivas viven en el alma de los demás. Aun cuando no veamos esta influencia, está. Lo mismo pasa con los malos actos y las palabras destructivas. Viven en nuestro entorno. Nuestra vida muere, puede llegar a su fin, pero nuestros actos son inmortales. No estamos solos. Estamos con otros seres humanos.

Somos gente. Somos parte del sistema de mutuas dependencias, de múltiples relaciones interpersonales. Nuestros actos, entonces, ejercen directa influencia sobre los demás. Nuestros actos disminuyen o aumentan el bien común. Ningún acto del ser humano muere completamente. Las acciones siguen en pie, dando frutos multicolores, multitemáticos. Saber que nuestros actos implican muchas consecuencias, nos ayudan a darnos cuenta de nuestra responsabilidad y del peligro que incluye utilizar destructivamente nuestro libre albedrío. Según dijo un filósofo “el aire es el historiador de los sentimientos que hemos expresado, la tierra, el aire, y el océano, son de igual modo los eternos testigos de los actos que hemos cometido, conviniéndoles el mismo principio de la igualad de acción y reacción”.

Las cosas que hacemos modifican nuestro presente y cambian nuestro futuro. De igual modo, también dejamos una marca en el cuerpo de la sociedad. Quizá no podemos ver tangiblemente la influencia de nuestras acciones en nuestros seres queridos, pero es seguro que están y a la corta o a la larga, harán acto de presencia en la realidad. Esto le da un verdadero significado al poder del ejemplo.

Nuestras acciones dan una enseñanza silenciosa. Todo depende del uso de nuestras elecciones de vida. Todo depende del uso que hagamos de las circunstancias y de las oportunidades que se nos presenten para el bien. Una vida con buenos actos y palabras de bien, puede hacernos personas virtuosas y exitosas.



A través de buenas acciones se alcanza la felicidad y la bondad. Un hombre que tiene en cuenta las consecuencias de sus actos, pensará antes de hablar y haga lo que haga, pensará antes de hacerlo. Muchas personas hacen cosas sin pensar y por ello sufren. Sufren porque sus acciones son malas y sus palabras son vacías. En cambio, las personas que cultivan las buenas obras salen adelante.

Los actos morales son actos humanos, voluntarios, que podemos elegir realizar o no, y que podemos valorar según las normas y criterios morales que hayamos asumido previamente. Ante la posibilidad de elegir, el primer elemento de estos actos que se nos muestra es la existencia de un motivo para los mismos.

El motivo es la causa directa de la realización del acto, la respuesta a la pregunta '¿por qué?'. Además, este tipo de actos tiene un fin, esto es, la representación o anticipación mental del resultado que se pretende alcanzar con la acción. El fin se hallaría respondiendo a la pregunta '¿para qué?' Pero la finalidad que se pretende conseguir con cualquiera de estos actos ha de conseguirse de algún modo.

Cuando hablamos de los pasos que hay que seguir necesariamente para completar el acto moral, para conseguir el fin propuesto, estamos hablando de los medios. Estos se hallan respondiendo a la pregunta '¿cómo?' El elemento que completa la estructura de los actos morales es el resultado efectivo de los mismos, sus consecuencias.

Podemos distinguir entre motivos conscientes y motivos inconscientes. Los primeros los pensamos antes de que nos hagan actuar. De los segundos no tenemos esta representación previa a la actuación: pueden ser derivados del hábito, del capricho o de la misma biología del ser humano, pero también pueden ser aquellos que no nos atrevemos a reconocer ni ante nosotros mismos, y que ocultamos tras de otros más dignos que los justifican -a veces, por envidia o celos, atacamos a otras personas, y lo hacemos convencidos de que éstas actúan mal y deben ser reprendidas-. Contrariamente a lo que pudiera parecer, la inconsciencia de los motivos no anula totalmente el carácter moral de un acto humano. Aunque a veces puedan confundirse, los motivos y los fines no son lo mismo.

El fin de una acción es la representación anticipada de sus consecuencias, lo que se pretende conseguir con dicha acción. En este sentido, es un elemento fundamental para la valoración moral de la misma. Dependiendo de que la finalidad de nuestros actos, nuestra intención, sea buena o mala, así serán también los mismos.

Las consecuencias reales de nuestras acciones son también muy importantes para valorarlas moralmente. Como seres con conciencia podemos prever en gran medida estas consecuencias y, al menos, estamos obligados a intentarlo. Por ejemplo: cuando nos excusamos por alguna acción culpando a otra persona esto influye sobre su reputación, por ejemplo; cuando dejamos la llave abierta mientras nos cepillamos los dientes estamos tirando litros de agua potable a las alcantarillas, cuando recogemos el agua del suelo del cuarto de baño después de bañarnos evitamos que otra persona tenga que hacerlo. La conciencia de las posibles consecuencias de nuestros actos es importante para la valoración moral de los mismos, pero la ignorancia de éstas no siempre nos exime de toda responsabilidad.


A veces es imposible prever determinadas consecuencias de algunas acciones, pero, en general, no sólo es posible sino que estamos obligados a conocerlas. Por ejemplo, si una persona está tomando medicamentos, debe informarse sobre los efectos de los mismos y sobre los alimentos y bebidas que no puede consumir mientras los toma. La ignorancia de esos efectos e incompatibilidades no hace que la persona sea menos responsable de las consecuencias de ignorarlos.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de responsabilidad? Se dice que es la virtud o disposición habitual de asumir las consecuencias de las propias decisiones, respondiendo de ellas ante alguien. También, vale decir, que esta palabra es la capacidad de dar respuesta de los propios actos ante nosotros mismos, y podemos determinar que la responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de las relaciones personales. La responsabilidad es valiosa, porque es difícil de alcanzar. En realidad, lo que vuelve problemático el tomar responsabilidad, sobre los propios actos, es la ligereza con la que decidimos hacer cosas, sin reflexionar sobre nuestra capacidad y habilidades desarrolladas.

Esta ligereza, de no sopesar las consecuencias de nuestros actos, afecta el desempeño laboral y personal fuertemente, ya que la persona que no responde a los compromisos adquiridos se vuelve poco confiable a los ojos de los demás, y pierde auto confianza ante sí mismo. Nadie puede cumplirles a otros, si no es capaz de cumplirse a sí mismo, ya que no podemos dar a otros lo que no tenemos para nosotros mismos. Las personas que marcan la diferencia en las empresas, en los hogares y en el mundo entero son las que responden al cumplimiento de sus ideales, de sus propósitos y de sus objetivos.
Conclusiones:
- Es imposible prever determinadas consecuencias de algunas acciones.
- Podemos distinguir entre motivos conscientes y motivos inconscientes.
- Las consecuencias son importantes para valorarlas moralmente.
- Una acción es la representación anticipada de sus consecuencias.

Aplicación: Mantener una mente abierta para no tomar decisiones equivocadas, no dejarme llevar totalmente por las situaciones de cada momento, lo más importante, al actuar valorar las consecuencias moralmente.

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